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¿Desnudándome?

Es muy rara la ocasión en la que yo muestro algún escrito de cosecha propia, pero hoy se hará una pequeña excepción. Quizá porque tengo resaca o porque ya no tengo mucha vergüenza (¿alguna vez la he tenido?), pero revisando tareas de la asignatura de redacción y composición me ha apetecido compartir esto con todos. Para que luego digan que las cosas de clase no pueden sacar lo mejor de uno mismo. En fin, aquí va un pequeño escrito. El nombre es "autorretrato", así lo exigían las instrucciones del ejercicio.

Así soy.
Verde en pupilas, lechosa en las manos y la tez,
Generosa en caderas, incorrecta de nariz,
Errónea de vista, helicóptero en el cabello,
Dulce en el mirar, abundante en sonrisas,
Grandiosa en la elocuencia, serena sólo al dormir,
Ebria de recuerdos intangibles, asaltante de camas,
Ladrona de abrazos, admiradora de las curvas,
Inspectora de cervezas varias, roja bajo el sol,
Blanca y negra, según el momento,
Atribulada por compañías muy ruidosas,
Desordenada, perseverante: en una palabra, terca.
Mordaz para los buenos, algo cruel para los malos,
Desfiante ante el horizonte, amante fiel del mar,
Bailarina a tiempo parcial –sólo si el vino ayuda-,
Gourmet de cualquier plato casero,
Visitante esporádica de cualquier museo,
Libélula en la hierba, presa de mis sentimientos,
Llorona sin remedio existente,
Emotiva hasta el fin, caliente y fría,
Invisible a veces, otras azul,
Poderosa, enérgica, mandona, servicial,
Una dama, un ladrido, una corchea, el mar.


Sólo me queda añadir que espero que comprendáis que, como escritora obligada, tengo millones de fallos, los tengo todos; sé que no soy buena y no voy a serlo nunca, lo sé. No nací para escribir, por suerte o desgracia. Sólo me apetecía compartir un pedacito de mí, no tengo intenciones críticas y espero que no seáis muy duros si decidís hacer juicios de valor.

¡Un saludo y feliz domingo empapado en alcohol!
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Peliculeando

Voy a escribir una entrada cinemato... lo que sea, y prometo ser breve. Sólo una reseña pequeñita de viernes noche de dos pelis que me encantan -y que, dicho sea de paso, son un tanto dispares, así que es muy probable que si una no os gusta, la otra sí lo haga-. En fin, aquí va.

Este muchacho maquillado que tenéis a vuestra izquierda es Frank N Furter, encarnado por el mismísimo y genial Tim Curry. Frank es un... bueno, un científico travestido que ha creado a un maromo rubio y musculoso, Rocky, con la mitad del cerebro de un motorista y acompañado por un hatajo de chiflados: Magenta, Riff Raff, Columbia... Una pareja -con una jovencísima Susan Sarandon en el papel de fémina en apuros- ha tenido la mala pata de llegar a su castillo y la noche que les espera no les dejará indiferentes, y tampoco al espectador. The Rocky Horror Picture Show ha cumplido más de 30 años como película, pero a mí sigue pareciéndome una obra maestra, y muy actual además. Podríamos decir que es un remake de todas las pelis de ciencia ficción anteriores, y que los personajes son extrañísimos. Cabe decir que es un musical, y yo adoro los musicales; es una historia divertida a ratos, otras veces bizarra y sin ningún sentido y con ciertas reflexiones interesantes. Os encantará, de verdad.

Y en un tono completamente distinto, tenemos Velvet Goldmine. Es una biografía alterada de las vidas de Iggy Pop y David Bowie, reflectadas sobre dos iconos musicales ficticios de los 70: Curt Wild y Brian Slade. Los actores son, respectivamente, Ewan McGregor y Jonathan Rhys Meyers, un dúo que consiguió enamorarme perdidamente. A esto le añadimos la breve pero crucial intervención de Christian Bale, que encarna al periodista y ex fan que revivirá la historia de los dos. La peli tiene mucha -y muy buena, a mi juicio- música, bastante sexo, algo de amor, algo de odio, una preciosa Toni Collette, un cameo de Placebo, una historia curiosa... en fin, una buena manera de pasar una tarde de domingo con resaca. Si os gusta la música, la música de verdad, el espectáculo... tenéis que ver Velvet Goldmine. Puede no ser la mejor película de la historia, pero al menos es especial.

En fin, lamento que mi capacidad de redacción sea nula a estas horas. Seguro que la wikipedia puede explicaros cosas sobre estas películas mejor de lo que yo he podido, pero al menos os dejo mi opinión y la idea de que os gustarán, seguro. Bueno, reconozco que no he sido breve, me enrollo como una persiana, qué le vamos a hacer. Os dejo un trocito de Rose tints my world, de la banda sonora de The Rocky Horror Picture Show:

It was great when it all began
I was a regular Frankie fan
But it was over when he had the plan
To start a-working on a muscle man
Now the only that gives me hope
Is my love for a certain dope
Rose tints my world keeps me safe from my trouble and pain.
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Un campus peculiar



Creo que esa imagen ilustra bastante bien lo que os voy a contar sobre el campus donde me ha tocado estudiar, el Milán, posiblemente la zona universitaria más bonita de Oviedo: edificios monumentales, una fuentecita donde varios chiflados se han asociado para tocar la guitarra, mujeres, árboles, más mujeres, perros y pintadas. ¿Qué podemos deducir de esto? Que es una zona visualmente agradable -y no tanto por el emplazamiento como por el hecho de que el 80% de los estudiantes sean bellas damas- y que es cuna y hogar de verdaderos tarados. Aunque, a fin de cuentas, todos tenemos un punto de locura. Si no, sería difícil sobrevivir en en Milán.

Esta pintada de Vertedero Ideológico "El Milán" (III) me ha resultado curiosa. Sobre todo por ese intrigante III. ¿Que somos un vertedero de ideologías? Por supuesto. ¿Que todas nuestras ideologías son carne de vertedero? No lo creo. No todas, al menos. ¿Y ese III? Qué intriga. No sé si se refiere a que somos el tercer vertedero ideológico, o a que somos el tercer campus con ese nombre, o simplemente que es la tercera vez que intentan dejar esa pintada. O quizá es una firma, un pseudónimo. III. Puede que, en realidad, no signifique nada.

Siento mucha curiosidad por la identidad de los autores de esas pintaditas. No por nada, no es que yo esté a favor de engorrinar un edificio ni mucho menos. Es sólo que todas las personas que he conocido en este campus han tenido algo interesante, algo especial: quizá no siempre para bien, hay individuos a los que he deseado matar con mis propias manos, otros me han resultado encantadores, otros indiferentes, pero todos... distintos. Será el ambiente del Milán, me imagino. No es coincidencia que seamos un "vertedero ideológico" (III). Tenemos monjas, cientos de erasmus de melenas rubias, profesores que olvidan sus exámenes, comunistas, carlistas y gilipollas. Aquí cada uno tiene sus ideas y su modo de vida, y es interesante saber cosas al respecto, hablar, dialogar, conocerse. Como ayer, por ejemplo. A las 12:10 una parte de clase nos fuimos a cervecear a la cafetería de la facultad (que no es demasiado mugrienta ni demasiado agradable, pero sí barata, y también un lugar donde siempre hay alguien con quien hablar) tras un intenso debate acerca del aborto. La conversación fue grata, como casi siempre: pestes contra la iglesia, contra el gobierno, contra nosotros mismos; un giro total en la conversación y ahora estamos hablando de Nostradamus. Que se nos acaba el mundo, joder. Y no parece darnos pena, porque enseguida nos ponemos con los mayas, los incas y los egipcios, que poco tiene que ver entre sí pero que a nosotros nos dan mucho juego. Si es que eran más listos que nosotros, hombre. Está claro. Se acaban las cervezas, hay migas en la mesa, alguien me tira una bolita de papel. Si es que este vertedero ideológico va a resultar ser un sitio bastante agradable.

Y es que aquí siempre hay alo que hacer. Si la cafetería te cansa, en el aulario A tenemos de todo. Talleres de grabados, eventos comunistoides, paneles con dibujos, exposiciones, orlas, techos que gotean sobre nuestras cabezas. Hasta un fanzine casero, Patita de Fauno, sobre el que mi amigo Félix ha hablado ya en esta entrada. En el edificio departamental también hacen cosas raras, como llenar las escaleras de cinta de carrocero o tirar un ordenador en el pasillo. Recuerdo que hubo un cúmulo de papeleras en forma de "obra de arte", pero no, fue un engaño: es que había goteras, algo había que hacer. Y después tenemos cuerdas de tender la ropa entre árbol y árbol... con libros, porque es lo más lógico. Libros en el Milán, colgando de los árboles. Me encanta este campus.
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La ternura del suprahombre

Os dejo un extracto del cómic de Watchmen, posiblemente uno de mis favoritos. El doctor Manhattan está teniendo una charla con Laurie en Marte, y esto es lo que le dice:

- Los milagros termodinámicos... son unos sucesos con unas posibilidades tan remotas de que lleguen a producirse que prácticamente resulta imposible que acaben dándose. Por ejemplo: que el oxígeno se transforme de manera espontánea en oro. Tengo muchas ganas de ver algo así. Y aún así, en cada apareamiento humano, mil millones de espermatozoides compiten para llegar a un sólo óvulo. Multiplica esas posibilidades por las innumerables generaciones que ha habido de seres humanos, por las posibilidades de que tus antepasados vivieran, se conocieran, engendraran a ese hijo en concreto, a esa hija exactamente... Hasta llegar a tu madre, que se enamora de un hombre al que tiene todas las razones del mundo para odiar y de esa unión, de los miles de millones de niños que compiten para lograr fecundar el óvulo, fuiste tú, sólo tú, la que surgió. Destilar una forma tan específica a partir de tal caos de improbabilidades resulta tan difícil como que el aire se transforme en oro... el cénit de lo imposible. Un milagro termodinámico.

- Pero... si yo, mi concepción, es un milagro termodinámico... ¡se podría decir eso mismo de cualquier persona del mundo!

- Sí. De cualquier persona del mundo. Pero el planeta está tan lleno de gente, tan repleto de milagros, que acabamos considerándolos algo normal y olvidamos lo que son... yo lo olvidé. Contemplamos la tierra día tras día hasta que acaba convirtiéndose en un lugar al que consideramos monótono. Pero visto desde otro punto de vista, como si fuera algo nuevo, aún es capaz de asombrarnos. Ven... seca tus lágrimas, porque eres vida, algo más excepcional que un quark y más impredecible de lo que Heisenberg soñó jamás: la arcilla en la que las fuerzas que dan forma a todas las cosas dejan sus huellas de un modo más claro. Seca tus lágrimas... y volvamos a casa.


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He de decir que esta perorata que suelta Manhattan es, con seguridad, una de las cosas más tiernas que he leído en mi vida. Será que tengo un día especialmente emocional -que lo tengo, de hecho- o que soy de lágrima fácil, el caso es que me siento profundamente conmovida. La primera vez que leí el cómic me pareció una simple charla de alguien que sabe demasiado, y poco a poco, en sucesivas lecturas, fue pareciéndose más y más a una declaración de amor. Y es que, ¿a quién no le gustaría sentirse así de querida en un planeta diferente, en una compañía tan dispar y después de haberse enterado de horribles dramas familiares? Ya veis, Watchmen es toda una telenovela.
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Orgasmos - esos grandes (des)conocidos

¡Oh, sí! Me encantan estos temas pseudoescabrosos que ponen nerviosos o tensos a algunos. ¿Qué os parece si hoy, en lugar de divagar sobre música o demás obsesiones de una veintiunañera, hablamos sobre el orgasmo? Con esto no quiero decir que los orgasmos no me obsesionen...

Bien, estoy siendo un tanto ambigua con lo que digo. ¿Puede haber algo mejor tras un larguísimo día de trabajo que un orgasmo? ¿Existe una mejor recompensa? ¿Hay algo que nos intrigue, nos colapse, nos desvele, nos excite, nos desgarre y nos apasione... tanto como un orgasmo? Creo que no. Y, sin embargo, "el orgasmo" es un amigo al que miramos desde lejos, y muy especialmente el sector femenino. Es lamentable, pero así es. Las estadísticas -aunque posiblemente sean inventadas- dicen que aún hay muchas mujeres que no han logrado conocer su propio orgasmo, ni solas ni acompañadas. Parece ser que sólo un 30% de las damas llegamos al orgasmo mediante la penetración, coito o como os guste denominar al acto sexual. Y, por otra parte... se dice que 4 de cada 10 mujeres somos multiorgásmicas. Alguien nos miente, seguro. Es poco probable que, de las pocas privilegiadas que quedamos, casi a la mitad nos pasen "cosas bonitas" tan seguidas. Los informes también rezan que uno puede aprender a ser multiorgásmico... ¿y cómo lo va a aprender una chica que aún no ha tenido el placer de saludar y hacerse amiga de su orgasmo? ¡Ja! Alguien nos miente, seguro. Las estadísticas... o nosotras mismas. No me es posible creer que algo tan simple, tan sencillo, tan asequible, tan normal, siga siendo un simple mito, una audacia de unas pocas privilegiadas. No. Si ellos pueden, y con un simple movimiento de mano... ¿por qué no nosotras? ¡Por favor, señoritas! ¡Un pequeño esfuerzo!

Recuerdo la película de Nick & Norah's infinite playlist. Una noñez donde las haya, por supuesto. Os reproduzco de manera resumida un diálogo entre dos muchachas:
- Por ahí se dice que nunca has tenido un orgasmo.
- Habré tenido millones. Además... bueno, nunca se sabe, ¿no? ¿Cuándo estar segura?
- {Interviene un chico hippy que la estaba escuchando} Oh, sí. Lo sabes.
Blanco y en botella. No me creo a aquellas que dicen que "no sé", "no sabría distinguirlo", "ejem ejem". Un orgasmo es un orgasmo, se distingue con facilidad de una tos, de un estornudo, de beber zumo... un poco de seriedad. Si nosotras mismas no nos tomamos en serio algo tan importante como "el orgasmo", nadie lo hará. Y, desde luego, dudo que el género masculino esté dispuesto a ejercer de profesor gratuito e incondicional para ayudarnos en la búsqueda eterna del orgasmo.

Bien, después de esta larga y absurda disertación, sólo me queda celebrar mis orgasmos y los vuestros, y desearos que, a pesar de las estadísticas, luchéis cada día por vuestro orgasmo perfecto. Porque lo merecemos todos.
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¡Moribunda!

Veamos. Hagamos un resumen de lo que ha sido mi lunes hasta este momento, es decir, las 16:18 de la tarde.

- Madrugón obligado {6 am} por unos indecentes vecinos que deciden clavarse los tacones al pie para no prescindir de ellos ni cuando todo está tranquilo y silencioso y que, además, gustan de arrastrar sus sillas por toda la casa, para regocijo de sus compañeros de edificio. Nada sorprendente: llevan 8 años igual. Es lo que tiene la gente que aún no se ha civilizado. Pronto harán hogueras con sus puertas.

- 10 minutos esperando al bus. Por un despiste poco oportuno, me paso de parada y me deja en la punta opuesta de Oviedo. Carrera acelerada hacia la facultad. 10 minutos después he atravesado la ciudad y llego a tiempo de firmar en la hoja de faltas de Historia del Español. Una hora después, tras hacer un recorrido sobre los cambios en fricativas sordas y sonoras en una península del siglo XV, sigo sin enterarme de nada. Eso sí, estoy sudando como si hubiera corrido una maratón. Genial. Una maravilla para alguien cuyo máximo esfuerzo físico es el levantamiento de vaso de cerveza.

- Desayuno y café con compañeros de clase. Media hora -como mínimo- de conversaciones escabrosas y deplorables: borracheras, vómitos y demás. Qué encantador.

En fin, ¿para qué seguir? No es mi idea de empezar un lunes, como habréis comprendido. Creo que me hace falta una dosis letal de alguna buena banda sonora que ronde por el iPod. Ya veré.

Añado una posdata innecesaria, pero curiosa: no, hoy no llevaba tacones. Imaginadme con unos diez centímetros no naturales más, bajando por Uría, atisbando escaparates de Sex Shops mientras me goteaba el sudor por la nariz... en fin.
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Los Misfits - o cómo sentir muchas cosas en muy poco tiempo.

Los Misfits. Sí, aquel grupo mítico que nació en los setenta. Para los rezagados, aquí hay algo de información básica.

Últimamente he estado escuchando a los Misfits. Y cuando digo "últimamente", quiero decir a todas horas. Yo soy el tipo de mujer que va siempre pegada a su iPod, ninguna madre ha querido nunca a su hijo de la forma en que yo quiero a mi pequeño reproductor. Pues los Misfits siempre están en la pantalla y en mis oídos. Ahora suena Devil Doll. Un título curioso.

¿Y a qué viene el nombre de esta entrada? Bueno, los Misfits son esa clase de grupo que me ha sentir cosas muy distintas, sensaciones confrontadas del todo, absolutamente diversas e incompatibles. Lo primero en lo que me hacen pensar es en las pelis gore, de serie B, de hace cuarenta años. Una misma canción puede tener en mí, según el día, un efecto decididamente catártico o, por el contrario, ser un catalizador a la euforia. Y en cuanto a las letras... a veces no sé qué pensar. En ocasiones no comprendo su sentido, su propósito, aunque en otros momentos está perfectamente claro. Los momentos que más me inspiran son las mañanas, muy temprano, cuando me toca subirme en el autobús que me lleva, como el día anterior, a Oviedo. Esas horas maravillosas en las que aún estoy adormecida pero empiezo a tomar conciencia del por qué de cada momento... son unas horas estupendas. Para algunos será una tortura. Para mí sólo es tortura tener que soportar los gritos de los viajeros del bus. Pero para eso, I put my headphones on for this world that I ignore. La mujer del iPod. Y de los Misfits.

Y enconces suena el Monster Mash, y me entra risa, no puedo evitar imaginarme una sala a rebosar de gente bailando este ritmo tan simpático. También están Scream y Die, die my darling, posiblemente las más conocidas, y a su manera geniales. Creo que Die, die my darling fue la primera que escuché. Como en mi vida no existe el término medio, al día siguiente ya tenía en mi poder la discografía entera. Dejando a un lado las canciones arquetipo, tenemos Helena. Muy poderosa, sin duda. Y también muy confusa. Posiblemente sea la letra que más me confunde y me provoca sensaciones contradictorias:

If I cut off your arms and cut off your legs
Would you still love me anyway?
If you're bound and you're gagged, draped and displayed
Would you still love me anyway?


Lo primero que me sugiere es maltrato, pensar en maltrato me hace pensar en Placebo (otro grupo recurrente, a decir verdad), y de Placebo pienso en Ulises, en Ítaca, en Circe, en Helena y de nuevo en los Misfits. Es la vuelta a los orígenes. Genial, en realidad. Scarecrow man y Pumpkin head son dos pistas interesantes, pero aún más lo es Hunting Humans. Aquí retrocedemos a un pasado en el que ni siquiera estábamos presentes ni habíamos sido gestados, pero del que nos han llegado reminiscencias, al fin y al cabo. ¿Qué me hace pensar a mí? Gore. Zombis. Sangre falsa. Gritos. Jovencitas en minifalda. Cadáveres. Cerebros.

The touch of Death is all around us
A thousand corpses block our way
A man-made germ makes almost everyone-
commit suicide
Just to rise and eat their dead
Night of the Living Dead


Y sin embargo, ninguna otra canción de los Misfits me conmueve tanto como Saturday Night. Se rompe, de alguna manera, con todo lo anterior. Los Misfits, hablando de algo que podría ser ¿amor? Todo ello en un contexto, claro está, de violencia y masacres. Sin embargo, esta canción me transmite una ternura profundísima y, muy especialmente, arrepentimiento. Lo que la letra me hace pensar es que quien narra la historia acaba con la vida de su chica para darse después cuenta de que la ama. ¿Típico? Por supuesto. Pero no en los Misfits. Maravilloso, adorable y tétrico a su manera.

Esto es lo que ocurre con los Misfits. Que me divierten, me hacen pensar, me conmueven, me excitan, me sorprenden, me hacen querer más. Cambian cada día en mis oídos. Mi iPod ya no volverá a ser lo mismo.

PD. Como una postdata curiosa, os diré que me quedo con Doyle en lugar de Danzig, al menos en cuanto a vocalista. Todos sabemos que Danzig es una de esas grandes voces de todos los tiempos y que, en realidad, es tremendo. Dejando a un lado lo que, como mujer, pienso de Danzig (no lo negaré, me arrastraría entre cristales si me prometieran dos horas a solas con él), Doyle es mucho más dulce con las letras. Mima más la música que acompaña su voz. Quizá Danzig es un genio por no hacerlo, por ser áspero y rudo. Que nadie me crucifique, pero Doyle es mi Doyle. Dejo un pequeño regalo visual de todo el esplendor de la juventud de Danzig. Espero que vuestros instintos sexuales se desperecen como los míos:



Gracias por haberos tragado este tostón, si es que lo habéis hecho, y un caramelo para quien se lo haya leído entero. Sé lo pesada que soy, lo sé. Es que a veces, sólo a veces, tengo verdaderas ganas de escribir en el blog.