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Letters to dead people










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Lament

Lament for my cock
Sore and crucified
I seek to know you
Aquiring soulful wisdom
You can open walls of mystery
Stripshow

How to aquire death in the morning show
TV death which the child absorbs
Deathwell mystery which makes me write
Slow train, the death of my cock gives life

Forgive the poor old people who gave us entry
Taught us god in the child's praye in the night

Guitar player
Ancient wise satyr
Sing your ode to my cock

Caress it's lament
Stiffen and guide us, we frozen
Lost cells
The knowledge of cancer
To speak to the heart
And give the great gift
Words Power Trance

This stable friend and the beast of his zoo
Wild haired chicks
Women flowering in their summit
Monsters of skin
Each color connects
To create the boat
Which rocks the race
Could any hell be more horrible
Than now
And real?

I pressed her thigh and death smiled
Death, old friend
Death and my cock are the world
I can forgive my injuries in the name of
Wisdom Luxury Romance

Sentence upon sentence
Words are the healing lament
For the death of my cock's spirit
Has no meaning in the soft fire
Words got me the wound and will get me well
I you believe it

All join now and lament the death of my cock
A tounge of knowledge in the feathered night
Boys get crazy in the head and suffer
I sacrifice my cock on the alter of silence

The Doors - Lament
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Cojones

Los cojones del cura
de Almendralejo,

le pesan veinte arrobas
sin el pellejo.

Los cojones del cura
de Tarancón,
que abulta cada uno
como un melón.

Los cojones del cura
de Villalpando,
los llevan cuatro bueyes
y van sudando.

Al cura de Villarejo
de Salvanés,
le llegan los cojones
hasta los pies.

El cura de Morata de Tajuña
se rasca los cojones con la uña,
pero en cambio el de Arganda
se pisa los cojones cuando anda.
¡Rediós, y qué locuras
hacen con los cojones estos curas!

Anónimo
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Feos con encanto

O lo que viene siendo una serie de famosos considerados no-atractivos por la crítica y terriblemente-atractivos por mis desviados gustos.




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Privación de funciones básicas

Si mal no recuerdo, hace tiempo escribí una entrada sobre lo frustrante que me estaba resultando no escuchar nada por uno de mis conductos auditivos -todo aquello se resolvió con relativa rapidez: tan sólo era una masa grotesca de mocos envolviendo tiernamente mi tímpano-.

Hoy vuelvo a quejarme de algo semejante, pero en este caso -por suerte- no es el oído la zona afectada. Ayer todo mi cuerpo decidió hacer ¡plop! y empezar a doler, sin mucho sentido. La nuca, la espalda, los brazos, los tobillos, la cabeza, la garganta: síntoma de vejez prematura, quizá. Tras una buena noche de descanso, los dolores de han ido. Sin embargo, y como era de esperar en mi imperfecta constitución, han quedado reminiscencias: mi voz se ha ido apagando hasta no ser más que un ronco susurro con aires de cazalla. En efecto: estoy ronca. Hablo como un camionero. Me salen gallos. No puedo ni gritar. Resumiendo, me veo privada de una de las cosas de más me maravillan de la existencia humana: el habla.

Por hacer un resumen de la moraleja que guardan estos hechos tan cotidianos, os diré que nunca sabemos lo mucho que nos hacen falta nuestras funciones habituales hasta que alguna de ellas decir jodernos un poco y dejar de hacer lo que debe.

Para Reyes pediré que me hagan las mejoras pertinentes para ser un T-800 (sí, sé que hay modelos más chulos e innovadores, pero no tan carismáticos).
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Sobreviviendo en un holocausto zombi

¿En algún momento os habéis preguntado cuánto duraría vuestro carnoso cuerpecito en un apocalipsis zombi? Pues ahora podéis comprobarlo en http://www.survivetheoutbreak.com/, una película interactiva al más puro estilo Elige tu propia aventura. Observa tu situación, decide y elige la opción correcta.

¿Cuántos asaltos habéis durado? A fin de cuentas, todos terminaríamos siendo sabrosos amasijos de carne putrefacta...
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Vegetales

- Siempre he tenido mala suerte con las plantas.
- ¿Mala suerte? Eso es lo que piensas tú. En realidad, es que no las has regado lo suficiente. O que no están cerca de la luz. O, en el caso de los cactus, que tienen demasiada agua.
- Quién sabe. Todas acaban muertas. Podridas. Las flores se marchitan, se caen, me dejan el suelo perdido de mugre verdosa. ¿Tú sabes lo que cuesta limpiar eso?
- Claro. No siempre he tenido tanta mano para las plantas como ahora. He tenido que "matar" a unas cuantas antes de que decidiesen que soy un buen cuidador.
- ¿Les hablas?
- ¿A quiénes? ¿A las plantas? Por supuesto. Y, de vez en cuando, les hago escuchar un buen vinilo. Es bueno para ellas, ¿sabes? Crecen felices.
- ¿Cómo puedes saber eso?
- Yo no lo sé. ¿Cómo podría saberlo? Pero es la sensación de que son felices lo que me basta. Me basta y me sobra para serlo yo también.
- Um. Creo que debería cambiar de lugar mis hibiscos.
- Deberías. Definitivamente, deberías.
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Tiempo, locura y té


Mad Hatter: Would you like a little more tea?
Alice: Well, I haven't had any yet, so I can't very well take more.
March Hare: Ah, you mean you can't very well take less.
Mad Hatter: Yes. You can always take more than nothing.





Si habéis leído Alicia en el País de las Maravillas o, en su defecto, visto la versión de Disney -bastante interesante, aunque se salte a la torera demasiados pasajes del libro-, entenderéis ese título tan extraño de tiempo, locura y té.

Tiempo (Del lat. tempus). 1. m. Duración de las cosas sujetas a mudanza. 2. m. Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Su unidad en el Sistema Internacional es el segundo. 3. m. Parte de esta secuencia. 4. m. Época durante la cual vive alguien o sucede algo.

El tiempo, la hora, ¿qué hora es? En Alicia el tiempo tiene mucha relevancia, quizá demasiada, y se pone de manifiesto desde un principio, cuando el conejo blanco no puedo siquiera detenerse a saludar porque ya va con demasiado retraso -luego sentiremos cierta empatía con el pequeño y peludo mamífero: su encuentro es con la temible Reina de Corazones-. El tiempo se revierte por momentos en un ciclo infinito y desconcertante: recordemos esa carrera para secarse al lado del mar del Dodo y su peculiar tropa acuática. Alicia es la única que llega a tiempo. A tiempo para despertarse cuando está a punto de ser linchada. A la hora perfecta para merendar y salir de este mundo extraño y asombroso.

Locura (De loco). 1. f. Privación del juicio o del uso de la razón. 2. f. Acción inconsiderada o gran desacierto. 3. f. Acción que, por su carácter anómalo, causa sorpresa. 4. f. Exaltación del ánimo o de los ánimos, producida por algún afecto u otro incentivo.

La segunda y la tercera acepción son, sencillamente, fabulosas. Y, con respecto a Alicia y sus personajes, las más aplicables. Muy concretamente si hablamos del Sombrerero Loco y la Liebre. Todos los recordamos: son dos extravagantes individuos que celebran su fiesta de no-cumpleaños entre cientos de teteras danzantes, acompañados de un simpático lironcito. Ambos plantean un concepto un tanto ambiguo de locura: siendo ellos los menos, en apariencia, cuerdos, juzgan incluso a la pequeña Alicia y al conejo en su breve encuentro. El famoso reloj que hacía tic tac al compás de los pasos del conejo se ve aplastado por un intencionadísimo mazazo de la Liebre, a la voz de ¡a los locos hay que tratarlos con cariño! A la vista está. Con todo el cariño de un golpe enorme. Así se lo merecía ese punzante amasijo de manillas y ruedas que sólo controlaba de forma grotesca la vida del conejo. Tras esta escena, mi concepción de la locura y la normalidad nunca volvió a ser la misma, y de nuevo reflexiono sobre ello cada vez que Alicia se cruza en mi camino. Quizá los demás son los locos y nosotros... no, en realidad nosotros somos demasiado normales.

Té (Del chino dialect. de Amoy te). 1. m. Arbusto del Extremo Oriente, de la familia de las Teáceas, que crece hasta cuatro metros de altura, con las hojas perennes, alternas, elípticas, puntiagudas, dentadas y coriáceas, de seis a ocho centímetros de largo y tres de ancho. Tiene flores blancas, axilares y con pedúnculo, y fruto capsular, globoso, con tres semillas negruzcas. 2. m. Hoja de este arbusto, seca, arrollada y tostada ligeramente. 3. m. Infusión de las hojas de este arbusto.

El té. Esa ceremonia tan extendida por todas partes del mundo, muy especialmente en este frío país en el que ahora me encuentro. El té es ya un ritual, una forma de paralizar el transcurso natural de los días -de nuevo, una alteración temporal- para dedicarse por completo a esta pequeña y deliciosa tarea. Y es que el té, en realidad, es un buen compañero. Tenemos tantas variedades que es improbable que no encontremos una que nos agrade; además, proporciona ciertos beneficios a la salud corporal. La Liebre y el Sombrerero Loco lo sabían: quizá por eso ingeniaron esa artimaña de ofrecer té a sus invitados y nunca llegar a dárselo. La gente educada, dicen, toma té. Es un ritual refinado y elegante. O debería serlo. Con Alicia se nos rompen los esquemas, y los más variopintos personajes se ven envueltos en una trama de teteras que hacen ruidos raros, lirones en tarros de mermelada, relojes chiflados, liebres y una niña curiosa que ha de volver a casa.

¿Qué conclusiones podemos sacar de todo esto? Creo que ninguna. Alicia en el País de las Maravillas es, sencillamente, un delirio demasiado genial como para perdérselo. Y no sólo es una simple historia contada para niños, no: al igual que muchos libros que fueron escritos para un público infantil, lo disfrutamos enormemente los adultos. Y no sólo por toda esta desbordante genialidad: Alicia contiene demasiadas reflexiones, demasiados puntos interesantes que han de ser considerados y desarrollados, demasiadas ideas, demasiadas críticas a la sociedad.

No os perdáis Alicia en el País de las Maravillas, por favor. Merece la pena.
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Eso es todo por hoy, y es muy cierto. El dibujo es de mi sudadera de Jim Avignon.
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Espantapájaros

Como muchos sabréis, tengo una extraña fijación con todo lo que tenga que ver con los espantapájaros. No he llegado a descubrir el por qué -menuda contradicción-, pero es un personaje que, insertado en una película o un escrito, me resulta absolutamente fascinante y cautivador. Y es que hay tantos espantapájaros en nuestra historia actual...

Hagamos un breve recorrido. A Tim Burton debe de ocurrirle algo parecido, porque en casi todas sus películas logra que aparezcan espantapájaros... pensemos en Pesadilla antes de Navidad, donde el propio Jack es casi un espantapájaros; o Sleepy Hollow y sus escalofriantes figuras con cabeza de calabaza, que tenían algún tipo de papel en el hilo conductor de la historia. Otro espantapájaros archifamoso es aquel adorable individuo cantarín de El mago de Oz, que ansiaba, ante todas las cosas, poseer un cerebro entre toda aquella paja (incongruente, a fin de cuentas, porque viendo lo visto todos seríamos más felices sin ningún tipo de materia gris). Este personaje, a mi juicio, es decisivo en el papel del espantapájaros en el cine (sí, estoy hablando de esto como si realmente fuese algo serio), todos lo recordamos, tanto como a los demás seres curiosos de esa obrita maestra del cine. Dorita, desde luego, se vio muy bien rodeada a pesar de que sus acompañantes carecieran de cosas supuestamente "esenciales". Y uno de mis espantapájaros favoritos es, sin lugar a dudas, aquel entrañable y misterioso individuo que sale en El castillo ambulante (grandísima película, por cierto). Aparece y desaparece a voluntad y cuando el espectador menos se lo espera, y llegado a un punto sólo te queda reconocer que es un personaje totalmente imprescindible. Sólo al final sabemos sus motivaciones: es un príncipe encantado que se ha enamorado locamente de Sophie, una muchacha a la que un embrujo ha transformado en una anciana. Parece ser que el espantapájaros es el único que, desde el principio, sabe captar y apreciar la verdadera naturaleza de Sophie.

Hace muchos meses me encontré por la red un cortometraje sobre, adivinad... ¡espantapájaros! Ayer volví a recordarlo y, por supuesto, tuve que buscarlo. La historia es tremendamente sencilla, pero a la par contundente; quizás algo kitsch, pero visualmente precioso y, sobre todo, con una fuerte carga emocional y moral. No sé si os gustará, pero al menos coincidiréis conmigo en que, a pesar de ser humanos, no somos tan diferentes de un montón de paja y tela. Aquí os dejo el enlace.
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Me ha llegado un paquete...

... Y cuando me llega un paquete a casa suele tener contenidos poco habituales, la verdad. Esta vez eran ojos. Dicho así suena francamente espantoso, pero los que me conozcáis enseguida haréis una analogía rápida. ¿Ojos? Humanos no, desde luego. ¿Entonces? Pues para las muñecas, claro. Antes tenían ojos, sí, pero en este mundillo hay una amplísima variedad de globos oculares: tamaño, calidad, aspecto, tacto; todo puede variar. Los que tenían hasta ahora eran acrílicos, es decir, plasticosos. Los hay de uretano, de silicona, de cristal... de este material son los que me han llegado, los "soplan" manualmente un grupo de artesanos alemanes que se hacen llamar Hand Glass Craft. Me perdonaréis la redundancia, pero los ojos me han salido por un ojo de la cara -como todo en el mundo del coleccionismo-, aunque los compré en una promoción de descuento del 40%. En cualquier caso, este es el aspecto que tienen:



Es una lástima no tener ninguna foto decente de los ojos. El detalle del iris es increíble, y los colores una pasada. El propio tacto del ojo es frío, suave... ¡y la parte de atrás corta como un demonio! Cuando les cambiaba los ojos a las muñecas me destrocé las yemas del índice y el pulgar, y es que es una tarea trabajosa colocar esos miniojos. Os dejo con una foto un poco siniestra de las cabezas (¡sin ojos y sin la "tapa de los sesos"!) que, estoy segura, le gustará al señor Vodevil:



Tendría que haber añadido algún diálogo curioso a la foto cabecil, lo sé. Tendría mucho más impacto. En otro momento os enseñaré el resultado final, lo bonitos que quedan en las fotos y la "vidilla" que les dan a las caras de mis resinosas.
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"Un paseo por Hollywood"



Ese es el nombre de una pequeña exposición de objetos pertenecientes al mundo del cine que se está exponiendo en el CMAE del Arbolón, en Avilés. Todo pertenece a una coleccionista privada -y seguramente algo chalada, y sin duda con un gran poder adquisitivo-, y entre sus posesiones se encuentran unos cuantos vestidos de Marilyn, el guante de Eduardo Manostijeras, una máscara de Legend... Esto es lo que me encontré esta mañana en el periódico de ayer, mientras desayunaba, y me he parado a pensar que seguro que me estoy perdiendo un montón de cosas por no leer los periódicos.
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Detallitos frikis

Esta tarde estuve de compras. Y, como siempre que estoy de compras, intento buscar algo que encaje un poquitín conmigo, algo que no me sienta extraña llevando... algo friki, si es posible. La verdad es que es complicado. Las tiendas que tenemos a mano y son asequibles para nuestros bolsillos de estudiante ofrecen unas cosas bastante estándar, de esas que te encuentras a montones cuando sales a la calle. El resultado es que vamos todos iguales, muy especialmente las chicas. Sin embargo, a veces sí que aparece algo friki, interesante, distinto. Tengo una camiseta de la peli del Mago de Oz, y me hubiera comprado todos los modelos si en ese momento hubiera tenido fondos. Esta misma tarde vi más camisetas de la misma peli. También solía llevar muchas camisetas de pesadilla antes de Navidad, y hace unos años me dio por las camisetas de grupos. A día de hoy, sigo buscando una de los Misfits, pero no tengo suerte, así que acabaré haciendo una plantilla y pintándola yo misma. Y esta tarde... bueno, pues aparecieron dos camisetas interesantes. De Alicia en el país de las maravillas, pero no con la imagen ñoña que le dio Disney, sino con una estética totalmente distinta. Aquí tenéis a mi Alicia y al gatito de Chesire:




Me encanta la pinta de putón anoréxico de Alicia y la cara malévola y perturbada del gato. Simplemente geniales :)
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Un campus peculiar



Creo que esa imagen ilustra bastante bien lo que os voy a contar sobre el campus donde me ha tocado estudiar, el Milán, posiblemente la zona universitaria más bonita de Oviedo: edificios monumentales, una fuentecita donde varios chiflados se han asociado para tocar la guitarra, mujeres, árboles, más mujeres, perros y pintadas. ¿Qué podemos deducir de esto? Que es una zona visualmente agradable -y no tanto por el emplazamiento como por el hecho de que el 80% de los estudiantes sean bellas damas- y que es cuna y hogar de verdaderos tarados. Aunque, a fin de cuentas, todos tenemos un punto de locura. Si no, sería difícil sobrevivir en en Milán.

Esta pintada de Vertedero Ideológico "El Milán" (III) me ha resultado curiosa. Sobre todo por ese intrigante III. ¿Que somos un vertedero de ideologías? Por supuesto. ¿Que todas nuestras ideologías son carne de vertedero? No lo creo. No todas, al menos. ¿Y ese III? Qué intriga. No sé si se refiere a que somos el tercer vertedero ideológico, o a que somos el tercer campus con ese nombre, o simplemente que es la tercera vez que intentan dejar esa pintada. O quizá es una firma, un pseudónimo. III. Puede que, en realidad, no signifique nada.

Siento mucha curiosidad por la identidad de los autores de esas pintaditas. No por nada, no es que yo esté a favor de engorrinar un edificio ni mucho menos. Es sólo que todas las personas que he conocido en este campus han tenido algo interesante, algo especial: quizá no siempre para bien, hay individuos a los que he deseado matar con mis propias manos, otros me han resultado encantadores, otros indiferentes, pero todos... distintos. Será el ambiente del Milán, me imagino. No es coincidencia que seamos un "vertedero ideológico" (III). Tenemos monjas, cientos de erasmus de melenas rubias, profesores que olvidan sus exámenes, comunistas, carlistas y gilipollas. Aquí cada uno tiene sus ideas y su modo de vida, y es interesante saber cosas al respecto, hablar, dialogar, conocerse. Como ayer, por ejemplo. A las 12:10 una parte de clase nos fuimos a cervecear a la cafetería de la facultad (que no es demasiado mugrienta ni demasiado agradable, pero sí barata, y también un lugar donde siempre hay alguien con quien hablar) tras un intenso debate acerca del aborto. La conversación fue grata, como casi siempre: pestes contra la iglesia, contra el gobierno, contra nosotros mismos; un giro total en la conversación y ahora estamos hablando de Nostradamus. Que se nos acaba el mundo, joder. Y no parece darnos pena, porque enseguida nos ponemos con los mayas, los incas y los egipcios, que poco tiene que ver entre sí pero que a nosotros nos dan mucho juego. Si es que eran más listos que nosotros, hombre. Está claro. Se acaban las cervezas, hay migas en la mesa, alguien me tira una bolita de papel. Si es que este vertedero ideológico va a resultar ser un sitio bastante agradable.

Y es que aquí siempre hay alo que hacer. Si la cafetería te cansa, en el aulario A tenemos de todo. Talleres de grabados, eventos comunistoides, paneles con dibujos, exposiciones, orlas, techos que gotean sobre nuestras cabezas. Hasta un fanzine casero, Patita de Fauno, sobre el que mi amigo Félix ha hablado ya en esta entrada. En el edificio departamental también hacen cosas raras, como llenar las escaleras de cinta de carrocero o tirar un ordenador en el pasillo. Recuerdo que hubo un cúmulo de papeleras en forma de "obra de arte", pero no, fue un engaño: es que había goteras, algo había que hacer. Y después tenemos cuerdas de tender la ropa entre árbol y árbol... con libros, porque es lo más lógico. Libros en el Milán, colgando de los árboles. Me encanta este campus.