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Excusas para no hacer ejercicio

A diario veo cómo personas de mi entorno se convierten en seres grises y sin forma. Con esto me refiero a que carecen tanto de una forma física aceptable como de un estado emocional sano y equilibrado. Estas personas buscan la manera de no hacer nada en su día a día, de consentir que pasen las horas sentados delante de una pantalla, perdiendo en tiempo con actividades banales y estupidizantes.

Yo no puedo considerarme una atleta ni una deportista profesional, pero sí puedo sentirme orgullosa de ser una persona activa, inquieta y que se mueve -en todos los sentidos-. No hace demasiado tiempo que decidí que esa vida sedentaria y desapaciblemente aburrida debía terminar, y comencé a interesarme por toda clase de actividades físicas. Comencé con pilates y alguna sesión de elíptica y máquinas, también probé a correr y terminé por decidirme a entrenar en casa, con los programas que más se adaptasen a mis necesidades, a mi cuerpo y a mi actividad diaria. A día de hoy sigo una mezcla variopinta de actividades: pesas, kenpo, fitness, cardio intenso... un refrito de todo. Me sobra para no aburrirme y para conseguir estar más cerca de mi objetivo, que es no ser otra más de esas personas que no cuidan lo único que les va a durar toda la vida: el cuerpo y la mente.

Los beneficios son claros. Además de una mejor forma física y un cuerpo más útil y resistente (algo muy de agradecer en cualquier actividad diaria, ¿quién no ha llegado con la lengua fuera tras subir un tramo de escaleras?), he logrado un equilibrio mental y emocional muy superior al que solía tener. El ejercicio es bueno para el cuerpo, pero es aún mejor para el intelecto y las emociones. 

Sin embargo, todos los días escucho una nueva excusa para negarse a obtener estos beneficios tan gratificantes. Oigamos alguna de ellas y veamos lo sencillo que es desmontarlas:

1.- No tengo tiempo. Si tu día a día no te deja ni siquiera media hora libre para caminar a buen paso, deberías replantearte tu vida: no estás llevando una existencia normal ni saludable. Piensa en las horas que pasas frente al ordenador o la televisión y transforma eso en minutos que podrías estar aprovechando en la calle, corriendo, o quizá en un gimnasio. Si aún así tu agenda es demasiado apretada, puedes hacer pesas y estiramientos mientras lees, estudias o consultas tu ordenador. No es necesario -ni recomendable- entrenar a diario: puedes dejar un par de días para descansar y desconectar. Si aún así sigues teniendo demasiado que estudiar o trabajar, recuerda que el deporte te dará energía y podrás concentrarte mejor en tus tareas después de eso y una ducha. 

2.- Soy muy vago. Pues sí, claro, nadie dijo que esto fuera fácil. Ya sé que es más sencillo sentarse en el sofá a beber un café, pero piensa en lo reconfortante que será ese café cuando llegues de correr unos cuantos kilómetros. Al principio te costará y los primeros días te pondrás el chándal a regañadientes. Las semanas siguientes tu propio cuerpo te lo pedirá.

3.- Lo he intentado, pero... Pero, ¿qué? ¿Has hecho ejercicio una semana antes de una boda para bajar un par de kilos? ¿Te has apuntado a una actividad para la que no tenías la forma física adecuada? Es lógico que te pueda la frustración: agujetas, ver que eres el "peor" de la clase en el gimnasio... hay que comenzar por actividades que se adapten a nuestras capacidades y, desde esa base, ir mejorando. Hay pocas cosas tan gratificantes como ver que ahora puedes hacer 15 planchas cuando en el inicio sólo conseguías un par, o que puedes levantar el doble de peso. ¡O que cabes en unos pantalones de hace años! Si lo has intentado y ha terminado mal, es que no lo has intentado lo suficiente o lo has hecho de forma incorrecta.

4.- Es muy caro. Por supuesto, hay gimnasios y locales donde tienes que dejar un riñón a la entrada antes de hacer ejercicio en máquinas supersónicas de última generación. Y también puedes ponerte una camiseta vieja y salir a correr al parque, a la playa, al monte. O invertir unos poquitos euros en unas cuantas pesas y organizar tus propias tablas de ejercicios. O entrar en Youtube y descargarte vídeos con entrenamientos gratuitos. O juntarte con amigos para bailar o hacer excursiones. O... como ves, las opciones son infinitas. Y, muchas de ellas, gratis.

5.- Tengo muchas agujetas. ¡Bienvenido al maravilloso mundo de las agujetas! Ese tierno dolor que se te clava desde lo más profundo de los miembros es un síntoma de que los engranajes de tu cuerpo están comenzando a funcionar, a moverse y, lo que es más importante, a mejorar. Pronto se pasarán y darán paso a otras agujetas nuevas, en sitios distintos, y todas ellas beneficiosas, pues significan que te estás esforzando. Un pequeño precio a pagar por los resultados obtenidos.

6.- Hago deporte y no noto nada. El "cambio" lleva tiempo. No se puede pretender ser el mejor corredor a este lado del Atlántico en un par de semanas. Es una mejora gradual y, la mayor parte de las veces, lenta. Tampoco es posible adelgazar kilos kilos de grasa en una semana con un poquito de aeróbic, especialmente si no se lleva una dieta acorde con lo que se quiere lograr. Si logramos un equilibrio entre una dieta sana, ejercicio habitual y paciencia, todos, repito, todos notaréis resultados.

7.- Estoy muy cansado. Sí, en ocasiones pasa, y ¿sabes qué? Que es el mejor momento para hacer ejercicio. El deporte te da un buen chute de endorfinas que comienzan a moverse, a eliminar tu sensación de cansancio y a darte energía para comerte el mundo si es necesario.

8.- Me da vergüenza. ¡Por dios! ¡Todo el mundo corre! Fíjate, hasta los ancianitos salen a caminar con sus colegas, incluso las señoras mayores van al gimnasio y hacen yoga. ¿Sientes vergüenza cuando comes una ensalada? Pues esto es similar: no es admisible sentirse mal en ningún caso por seguir un estilo de vida sano. Quizá no tengas la mejor ropa, ni el mejor estilo, ni los mayores músculos. Pero, créeme, la persona de al lado no se fijará en eso: verá, simplemente, a alguien haciendo deporte y disfrutando de ello. Seguro que no te sientes avergonzado por fumar o beber, ¿verdad?

9.- No me gusta, es aburrido. Espero que seas consciente de la cantidad de ejercicios, deportes y actividades en los que puedes participar. Quizá no te guste la escalada pero adores el submarinismo. Siempre habrá una actividad para ti, desde la petanca al tango pasando por el boxeo. Haz que tus actividades sean divertidas. Busca algo que te guste. Pon música. Hazlo con tus amigos, tu familia, tu pareja, tu perro.

10.- Me duele la espalda. Quien dice espalda dice piernas, cabeza, manos, rodillas. ¡No pasa nada! Hay ejercicios de bajo impacto que no dañarán tus articulaciones; es más, hay ejercicios, como el yoga y el pilates, que fortalecen tu cuerpo y tus músculos y te ayudan a tener una buena salud postural.

11.- No me gusta ir solo. Ni falta que hace: busca un amigo, compañero... alguien que tenga inquietudes similares a las tuyas. Entra en un grupo de baile o de musculación. Únete a un grupo de corredores. Haz montañismo con tu mascota. Ejercitarse en grupo es muy beneficioso: siempre hay modelos a imitar, personas dispuestas a enseñarnos y, por supuesto, una constante fuente de motivación y afán de superación.

12.- Tengo sobrepeso. Comienza por actividades que no tengan impacto fuerte en tus articulaciones y muévete, haz trabajar tu corazón. Comienza gradualmente, nadando o caminando, y sigue subiendo la intensidad de tus ejercicios. Seguro que, además de bajar de peso, notas que tu calidad de vida mejora.

13.- Ya estoy delgado. ¿Y qué? En tus venas se sigue acumulando el colesterol, tu metabolismo se ralentiza cada día un poquito más y sigues teniendo lo que se llama grasa interna, el tipo de grasa más pernicioso, aquel que rodea tus órganos. Tienes la suerte de tener una figura que no necesita demasiado trabajo ni mantenimiento, pero recuerda que, aparte de que todo es mejorable, el beneficio del deporte se nota también en la mente.

Si he conseguido convencer a una persona, a una solamente, este texto habrá tenido sentido. Por supuesto, hay muchísimas más excusas que planteamos a diario y en las que pensaré para futuras referencias. Y, ahora, contadme: ¿quién de vosotros no ha dicho en algún momento al menos una de estas frases?
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El refugio de agua

El recuerdo de un latido traza senderos de alambre que trepan por mi antebrazo desde las puntas de los dedos. Pasan varios segundos, palpitando en silencio, hasta que decido retirar el garfio que me atenaza las entrañas. Me estremezco ante una diminuta punzada, un dolor que me recuerda que permanezco en la realidad. Parpadeo. Una, dos veces. ¿Habrá aparecido mi Shangri-La, el paraíso azul y blanco? No, nada es blanco: nada es puro. 

He apurado el cáliz de sudor impuro, de llamaradas de ansia y desespero. Me he desplomado como Ícaro, sobre un cielo morado de terciopelo. Retorno a la conciencia y a la rutinaria sesión de sábanas un poco frías, de humo que se escapa por rendijas que no puedo ver, el orbe decide continuar con su perpetuo giro. 

Omni.
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Columnas de sal

Now you're messin' with the stone cold killer
She kills so good you're dying for some more


No hay nada más cierto que saber que todo es incierto. La veracidad y la proporción dejan de importar y sólo queda luchar por la supervivencia. Envuelto en piel, en cuero, en terciopelo, en magma o nubes. Qué más da. Se lo que quieras ser. Ocúltate y cuelga una mirada acerada de las pestañas. Que te teman. Que, con el palpitar de tus tacones, bailen para ti. Que se arrodillen y te veneren. Que laman tus heridas y, por dentro, te curen con licor y agua helada. No hay nada tan fuerte que te pueda partir el corazón y hacerlo arena, tan sólo la marea del tiempo. No será repentino. Entretanto, yergue la espalda en tu trono y recoge las lágrimas en un jarro de latón. Que fermente el odio, la tristeza, el azul. Cuando, saladas, hiervan bajo tu mirada, sólo quedará la galaxia y el infinito. Limítate a contemplar las estrellas.
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La batalla

Centellea el cero bajo el sol. La sangre le salpica la armadura. A sus pies, aún palpitante, yace el cuerpo de la monstruosa bestia. Su mordedura es venenosa, dicen algunos. Por las sienes del Caballero Blanco resbalan gotas trémulas de sudor y de gallardía. Le da la espalda al sol y emprende un regreso lento, noble, sereno.

La Reina Roja, mientras salpica de cobalto el cielo estrellado de su lienzo, lanza rápidos vistazos al exterior. Espera a su Odiseo particular y se entretiene haciendo bailar su pincel para componer pinturas que conmemoren cada victoria.

El sonido del metal la despierta de su letargo. Se lanza escaleras abajo, dejando tras de sí un halo de jazmín y orquídeas. Él no tolera la espera: lanza su espada, se despoja del yelmo, estrecha a la Reina; la siente, la respira. Es suya otra vez.

Cada batalla en el desierto, cada hidra despedazada, cada uno de los enemigos devastados y aniquilados... nada es comparable a yacer con la Reina Roja. Su cuerpo se torna carmesí, un torrente desbocado de sensualidad y dulzura. Sus pupilas, encendidas, refulgen como el más puro de los metales. Cada beso duele y quema. Comienzan esa danza furiosa, ese frenesí empapado en magia negra; resuenan los gemidos en el torreón y en el interior de su pecho. La Reina Roja. La encarnación del candor y la esperanza; una bacante, una ménade, una diosa. 

Amanece. Se escuchan los goznes del puente levadizo, el castillo aún duerme. El Caballero Blanco, su silueta recortada en el horizonte gris, echa la vista atrás. Una sonrisa lo espera en el torreón. No hay dragón lo suficientemente fiero ni guerrero tan letal que le impidan volver, como cada plenilunio, a derrocar a la Reina Roja en la más dulce de las batallas.
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TY

No pensar, ese es el truco. Lanzarse de cabeza hacia el mar y que el agua empape la piel y los sueños. Sentirse libre. Nadar desnudo al atardecer, con mil chispas de rubí parpadeando en las olas. Dejar que fluya la inspiración, que me sostengan las yemas de tus dedos, que el dios dorado me corone de luz. ¿Pensar? No. ¿Sentir? Todo. No sabemos si mañana saldrá el sol, no conocemos el camino, pero hoy quiero que estas aguas sean sólo nuestras.

If the sun refused to shine, I would still be loving you.
If the mountains should crumble to the sea, there would still be you and me.
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Echoes

Sin poder elegir el mejor de los versos. Que se quede cada palabra, cada sílaba formando el engranaje adecuado, cada pellizco de sal, que todo sea verde y submarino, que acechen medusas cubiertas de láminas de cristal perlado.

Quizá somos esos extraños, esas miradas que no comprenden. Puede que, desde lo alto, mil aves apunten con sus garras hacia nuestros ojos. Laberintos lacados. Una celda vacía de la que se ha escapado alguien que solía amar antes de pudrirse y morir. No hay canciones de cuna ni caricias en la mañana. Todo tiene el perfume de la ceniza.

El faro no altera su giro bajo el alarido del viento. La luz de la mañana aletea sobre los rizos de las olas. Escucho los tambores. No sé si hablan de mi derrota o me susurran tu victoria. No importa. Alzo el estandarte y elevo mi cuerpo hacia los astros. Me recorren la luna y el sol. Baten los cristales. Se cierra cada ventana. Resuena un aullido desesperado, desgarrador, mortal. Se apagan las llamas y las estrellas. Se cierran las cortinas y me vuelvo con la marea, muy lentamente, mientras camino sobre laberintos de coral.

Overhead the albatross hangs motionless upon the air

And deep beneath the rolling waves
In labyrinths of coral caves
The echo of a distant tide
Comes willowing across the sand
And everything is green and submarine.

And no-one called us to the land
And no-one knows the wheres or whys
But something stirs and something tries
And starts to climb towards the light

Strangers passing in the street
By chance two separate glances meet
And I am you and what I see is me
And do I take you by the hand
And lead you through the land
And help me understand the best I can

And no-one calls us to move on
And no-one forces down our eyes
And no-one speaks and no-one tries
And no-one flies around the sun

Cloudless everyday you fall upon my waking eyes
inviting and inciting me to rise
And through the window in the wall
Come streaming in on sunlight wings
A million bright ambassadors of morning

And no-one sings me lullabies
And no-one makes me close my eyes
And so I throw the windows wide
And call to you across the sky
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MJ (VI)

I like watchin' the puddles gather rain

Canta muy despacio. Paladea sus sílabas, y sé que lo escribió hace décadas tan sólo para mí. Pienso en cartas que prendieron en el fuego, en respiraciones que dolían detrás del corazón, en bailar muy lentamente al son de esos versos. Hoy no deseo otra cosa. Moverme al compás de aquella melodía que nació mucho antes que yo.

Abre la puerta. Extiende la alfombra. Ofréceme un narciso, una azucena, un nomeolvides. Rema conmigo bajo un sauce llorón. Escuchemos el diálogo de las hierbas. Y cuando quiera mirar arriba y recordar formas que, en las nubes, se han ido para siempre, desperézate conmigo y sostén mi cintura: no me dejes regresar. Ancla mis piernas a la tierra. Acércame al mar y permíteme perderme entre sus suspiros salados. Que me lleven las olas. Que el plenilunio me sorprenda nadando desnuda.

Enciende una llama en la nieve. Busca un sendero salpicado de hielo. Deposita tus armas, sigue las luces del norte, la brisa amoratada, la marea de plata y luz. Asciende con la serenidad del humo. Que te empape la lluvia.
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Engranajes y aciertos

Me pierdo en ensoñaciones en las que palpito en esas venas de nieve, muy dentro, sellando cada poro, cauterizando las heridas. No veo sombras. Sólo veo la curva de unos labios que algún día reescribirán la historia, que vibrarán en mi piel como agujas trazando un dragón. Nacen tres soles. El primero es una manzana de caramelo: carmesí, húmeda, que me trae un recuerdo de infancia y una tentación que no debe prohibirse. Los otros dos... los otros son ventanales sellados con laca del color de las esmeraldas, reflejan su luz en un prisma de infinitos vértices; me llevan al pasado y lo recorren conmigo, se llevan mis lágrimas, me enseñan un futuro en que sólo existe el olor a mar que tanto extraño. Aletean mariposas entre las olas, recorro tus huellas en la arena y desearía estar entre las yemas de tus dedos, que te llevases cada gota de sal, cada grano de arena. Construye un reloj de sol para los dos. Un reloj sin mecanismo, sin ruedas, sin engranajes. Un reloj sin mecanismo para que el tiempo no se escape, para que cada amanecer me sorprenda desnuda contemplando a esos surcos de marfil convocar llamas de color púrpura, para poder consumirme en esa hoguera cada anochecer. Miro atrás y alzo mi copa. Brindo por todo, por lo que no existe, por lo que pervive, y sobre todo por aquellas gotas de rocío que nos salpicaron cuando pensamos que, en realidad, ni lo demás ni nosotros importábamos. Por las veces que hemos errado. Por todas las que acertamos.
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Pasado

Y ayer... ¿qué voy a hacerle si ayer era ayer?

Puedes permitirte ser un insecto durante un rato y escarbar en la basura, ¿quién te impide regocijarte con el pasado, con las esquinas más tristes, con el llanto de las estrellas? Hazlo, recuérdalo, revívelo. Que vuevan a pasearse mil arañas por tus muslos y que las luces se apaguen bajo los escombros. Vuelve a la sombra de cada árbol y olfatea el mar desde el sótano, donde nadie te vea, donde todo sea húmedo.

Y después, sólo después, piensa en la manera en que te devolvieron a la vida. De la mano, no siempre con dulzura, pero siempre con una sonrisa. No puedo decir que hayas dejado caer las riendas, no lo has hecho. Estás bajo cada estrella que gime de dolor, bajo cada sombra en el cementerio, bajo la pútrida arena del infierno. Tu marea de azul y estío penetra en cada grieta con parsimonia, no se detiene, aunque avanza despacio.

Devora las estrellas. Desgarra las sombras. Congela la arena.
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Tal como soy

Acepta esas mañanas silenciosas en que me deslizo como una sombra de manos frías. Admira todo aquello que no soy, lo que no he podido ser y lo que nunca seré. Contempla mis noches carmesí, toca un blues en mi cuerpo, acaricia mis rodillas. Observa mi pasado y déjalo escapar. Decide que mis noches de charla con Mary Jane son necesarias, pragmáticas, mías. Escucha conmigo la herida en el surco de un vinilo, ábrete a mis pentagramas. Acaricia mis mejillas cuando me veas llorar, pero no quieras llorar conmigo. Baila junto a mí cuando el vapor etílico me inunde. Bebe mi vino. Deslízate bajo mi ropa, tiéntame, úsame. Muerde mi paladar con tus ladridos. Confórtame cuando Atlas quiera rendirse y soltar su carga. Canta conmigo a la vida, a la desilusión, a la luna. Palpita, despacio, cálido, como oro líquido. Eviscera mis entrañas desde el interior y devuélveme a la vida. Resucita mi mente. Aléjame del muro. Abre las ventanas. Hazme soñar. Suéñame. Tal como soy. Entera y en diminutas piezas, fría y caliente, cielo y magma, vapor y llamarada, nube y destello. Ámame así.
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Notas

Recuerda: no te fíes de lo que te ofrezcan una noche sin estrellas, entre susurros. No caigas en la tentación de enamorarte de palabras que salpiquen la hierba de agosto. Llévate el equipaje que necesites: lo demás, déjalo atrás. No confíes en las veletas que señalan rumbos distintos. No te pierdas del camino de baldosas amarillas. No te entregues, no ames, no des. No arriesgues más de lo que los demás arriesgan. No te hagas cargo de cada ladrillo inclinado, ocúpate de tu propio y parcheado muro. No permitas que tu mente viaje: no existe el futuro. El pasado, tampoco. Fue todo una mentira que se perdió entre divanes y sombras. No pidas. No ofrezcas. Consuélate con las pausas de medianoche y con la certeza de que tu propio yo, a fin de cuentas, no te puede abandonar.
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(No rain)

El sol llega, como cada día, sin traer nada nuevo. Desearía poder contemplarme desde el reflejo de un charco gris, donde no existan mis caderas, ni mis pechos, ni mi boca, ni mi vientre. Pero comienzo a quejarme porque no, no hay lluvia. Hoy tampoco.

Desearía mirar sin aversión ese reflejo, sin tener que estudiar cada milímetro, sin juzgarme por segundos. También deseo, en secreto, que esas palabras sean para mí, porque así podría atesorarlas, porque una mirada furtiva me golpea desde dentro y me crecen amapolas en el alma. La adormidera. Opio carmesí. Eso necesito: una siesta sin final sobre un campo de flores de sangre. Así no querría una palabra cada vez que obtengo un gesto, ni anhelaría el gesto cuando sólo llegase la palabra.

Que llegue la lluvia, que llegue ya. Que purgue cada miedo, que me convierta en un fantasma, que por fin llegue, de golpe, todo lo que me pueda ofrecer. Gestos o palabras, no importa. Sólo gotas.

And all I can do is read a book to stay awake
And it rips my life away, but it's a great escape
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Ripple

De mis recuerdos se desprenden retales y jirones de tiempos peores. Suena, delicada, una voz que viene desde muy lejos para hablarme y salpicarme con su dulzura. Se cae el papel de las paredes, impregnado en toda la suciedad de antaño, y se revelan en mis pupilas reflejos de ventanas que nunca quise abrir. Es momento de acercarse a esas magnolias de azúcar y aspirar su aroma, retenerlo y que trences una corona de pétalos entre mis rizos. Así podremos bailar en la humedad del nuevo Samhain, desplegar las alas bajo las estrellas, salpicarnos de sabiduría y de magia, ser druidas por un instante.

Abre la ventana. Siente el olor de las piedras, de cada brizna de hierba. Deja que caigan esos viejos muros.

If my words did glow with the gold of sunshine

And my tunes were played on the harp unstrung,
Would you hear my voice come thru the music,
Would you hold it near as it were your own?
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Cosas pequeñas

Las cosas pequeñas. Que no se me olvide. Los giros inesperados que, de repente, te golpean en la nuca. Cuando abres los ojos ha cambiado todo y el mundo ha pasado de ser un abanico de grises, muy tristes y con los bordes quemados por el tiempo, a ser un paraíso multicolor donde todo huele a fruta, a aleteos exóticos, a mar. Sobre todo a mar, ese olor impaciente que lo inunda todo y te acompaña aun cuando no lo tienes cerca, cuando estás perdida en el centro de una fría isla desconocida.

Un maelstrom de locura te ha llevado consigo a danzar sobre una tormenta eléctrica. Te fundes con cada trueno y te conviertes en una salpicadura que lo baña todo, disfrutas de ese riesgo, de la perspectiva de estar haciendo lo adecuado, de sentirte un poquito más feliz cada día. De nuevo atesoras momentos. En un cajón guardas botoncitos multicolor, para el futuro. Hoy Janis ya no parece tan triste y siento que su voz me perfora desde un mundo muy lejano. Me susurra que puedo perderme, que hoy debo hacerlo. Que me busque, porque otros ya me han encontrado.

La coraza se funde bajo el sol y ya no hace falta armadura, ni yelmo, ni siquiera escudo. Las nieves se han derretido y los perros del infierno callan, aletargados. Eliges el camino y sigues adelante. Los obstáculos no importan. Tienes las cosas pequeñas. La oportunidad de hacerlo diferente.

There's no sensation to compare with this
Suspended animation, a state of bliss
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Mentes

[...] De qué sexo sean en realidad me da igual, es lo que menos me importa. Me puede gustar un hombre tanto como una mujer. El placer no está en follar. Es igual que con las drogas. A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas o una polla así de gorda; bueno…, no es que no me atraigan, claro que me atraen, ¡me encantan! Pero no me seducen, me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar. La mente, Hache, yo hago el amor con las mentes. Hay que follarse a las mentes.

Martín (Hache)
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En retrospectiva

Muchas veces recuerdo las ensoñaciones de mi yo adolescente. Muy a menudo pensaba en cómo sería mi existencia dentro de diez días, diez meses, diez años; si llegaría siquiera a esa edad; cómo transcurriría cada etapa de mi vida... en definitiva, cómo sería hacerse mayor.

Quizá hoy, rozando la mitad de la veintena, pueda decir que ya soy mayor. Puedo decirlo, y efectivamente no estaría equivocada. Sin embargo, yo no siento que esta mujer adulta en la que me he convertido sea tan distinta de la niña que pintaba en el colegio o la joven que sacaba buenas notas en el instituto. Muchas cosas no han cambiado: sigo siendo estúpidamente ingenua, sigo perdiéndome en las páginas de los libros y sigo, en mi propio mundo interior, imaginándome una realidad mejor con la que me recreo cuando lo que me rodea no me satisface. Sigo teniendo las mismas inseguridades, también conservo algunos de mis miedos; otros, por supuesto, han aparecido de la nada y han golpeado con fuerza en las zonas más delicadas de mi ser. Es, intuyo, parte del proceso: creces, evolucionas, cambias y te haces más fuerte -esta última fase ha resultado ser un gigantesco fiasco para la mayor parte de nosotros-. De forma pareja a estos evidentes cambios llega una realidad que se torna más dura a cada instante, una realidad a la que a veces cuesta enfrentarse por ser desalentadora, asfixiante: triste, en definitiva.

Yo no lo sabía cuando era una niña. No sabía que crecer iba a ser algo tan complejo, no sabía que tendría que ir acostumbrándome poco a poco a mí misma, no sabía que tendría que aceptarme y tratar de acoplarme de la mejor de mis maneras a mi cuerpo y a mi mente. No imaginaba que mi yo veinteañero estuviese tatuado, ¡qué va! Tampoco intuía que fuese a disfrutar con tanta intensidad de placeres tan dispares como la música, el sexo, el cine... y que, de alguna manera, iba a lanzar un ancla en cada uno de esos puertos que de verdad me enriquecen y me vuelven un ser humano mejor. Yo pensaba que, al igual que mis padres, esta sería una buena edad para tener un futuro laboral definido y estable y, desde luego, una situación emocional absolutamente delimitada en su normalidad. Creía -¡qué imbécil!-, que un príncipe azul con ojos y piel oscuros me esperaría para llevarme a un lugar mejor. Quizá buscase el paso previo para tener una familia, para ir poco a poco rompiendo el cordón umbilical y desprenderme del regazo materno. Pero no. Me encuentro con un futuro más que incierto en todos y cada uno de los aspectos vitales, me encuentro con que aún sigo conociéndome y tratando de quererme, descubro cosas nuevas cada día y las archivo en lo que me gusta y lo que no... y, como también hacía aquella Patricia pequeña y aún sin rizos, clasifico cada situación en algo que merece la pena o algo que no lo hace. Gracias a esta diminuta máxima he encontrado, de vez en cuando, el camino adecuado. Otras muchas veces he errado, y mis fallos han sido brutales y despiadados. Sin embargo, de la misma manera en que me imaginaba un futuro más feliz, no imaginaba que la mujer que hoy soy tuviese, de vez en cuando, admirables arranques de fuerza y un desarrollado sentido de la supervivencia. Supongo que, en ocasiones, no nos queda otra salida. Lo que no te mata te hace más fuerte, y nadie quiere dejar atrás la vida. Aunque no sea lo que esperamos, aunque nunca llegue a serlo. ¿Qué importa? Siempre encontraremos pequeños placeres y esas situaciones y personas que, sin lugar a dudas, se manifiesten como algo que de verdad merece la pena. Entretanto, me tengo a mí misma. Y aún me quedan mil años de miedos e inseguridades por conocer y a los que enfrentarme para, espero, salir airosa.

The North is to South what the clock is to time
There's east and there's west and there's everywhere life
I know I was born and I know that I'll die
The in between is mine
I am mine
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Waiting for the worms

Hacer un click y que de repente se paseen ante mis ojos, en un torrente infinito, todo aquello que una vez estuvo. Los dulces, el toro, la electricidad, el carrusel. Los ángeles, las máscaras, un set list arrugado. Música que poseímos. Nada en el televisor y recuerdo aquellas noches. Sigo teniendo intuición y no erré, nunca lo hice.

Hoy te lamentas en un pedazo de cartón cuadrado y blanco, lleno de pinceladas de ceniza y de todo cuanto dejamos atrás. Se deja todo. Equipaje, sonrisas, la hierba, esa mirada salvaje, los deseos de volar. Resuena todo desde el lado izquierdo y permanece a mi lado, no hay nadie en casa, pero permanecerá siempre, hoy es parte de mi cuerpo: es plasma, hemoblogina, músculo. Es el silencio, es la risa, es la indiferencia a la que me obligo, es buscar un refugio, es no saber el por qué de cada palabra porque te las llevaste todas contigo para arrojarlas a un mar helado. La sal nos hace pudrirnos un poquito cada día y ya solamente queda un pez morado. Nada en soledad, trazando círculos, haciendo ondear sus aletas.

Nunca supe dónde te dolía. No supe detener el dolor. Y, mientras poco a poco nos dábamos cuenta, el humo fue devorando cada verano, cada sueño y cada infancia.

Hey you, out there on your own
Sitting naked by the phone
Would you touch me?
Hey you, with you ear against the wall
Waiting for someone to call out
Would you touch me?
Hey you, would you help me to carry the stone?
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Escarabajos







The path you tread is narrow and the drop is shear and very high
The ravens all are watching from a vantage point near by
Apprehension creeping like a tube train up your spine
Will the tightrope reach the end; will the final cuplet rhyme
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Gnosis


Forgive me,
For I did not know.
'Cause I was just a boy
And you were so much more

Than any god could ever plan,
More than a woman or a man.
And now I understand how much I took from you:
That, when everything starts breaking down,
You take the pieces off the ground
And show this wicked town
something beautiful and new.

You think that Luck
Has left you there.
But maybe there's nothing
up in the sky but air.

And there's no mystical design,
No cosmic lover preassigned.
There's nothing you can find
that can not be found.
'Cause with all the changes
you've been through
It seems the stranger's always you.
Alone again in some new
Wicked little town.

So when you've got no other choice
You know you can follow my voice
Through the dark turns and noise
Of this wicked little town.
Oh it's a wicked, little town.
Goodbye, wicked little town.
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Summertime

Hace años comenzó como un baile apasionado que nos contagió con sus fiebres, un verano cálido y humeante, que se selló con un cráter en la línea entre las dos partes, oriental, occidental. Allí dejamos parte de nuestras almas. La otra... la evaporamos en suspiros rápidos y amargos, en sombras contra tu pared, en los surcos de la música de tu tocadiscos lacado; la otra se estrelló contra el muro hasta abrir una grieta.

Y al año siguiente... las noches sin teatros en el callejón, sin marionetas ni el sonido de otras voces. El muelle cedió y caí de nuevo, atravesando las nubes, bajo las ramas ahora podridas. Llegó el calor y la tormenta no remitía, los rayos chisporroteaban contra mi conciencia. Algo dejamos atrás. Los canales se llevaron el resto.

Y el estío de hoy, empapado en sueños nuevos, me vuelve la espalda y se desliza, muy lejos de mí, con su enfermizo calor de rutina. Me quedo con esa línea. Con la parsimonia. Con la paz.