¿Por qué merece la pena leer Sky Doll y por qué me gustó tanto? En primer lugar, está el impecable aspecto técnico: los diálogos, el dibujo, el entintado, los personajes. Después tenemos también un centro distópico y despótico de poder y, como todos bien sabréis ya, adoro las historias que tienen como núcleo una distopía, sea del tipo que sea, en este caso sociopolítica. En Sky Doll también se hace una fuerte crítica a la religión, y no siempre velada o discreta: Ludovica resulta, desde un principio, odiosa e insultante para su sociedad, y que se prohíba el beningno culto a Ágape la convierte en un ser monstruoso. Además de todo esto y muchas más cosas, está, por supuesto, Noa. Noa es la principal razón para leer este cómic, al menos lo fue para mí, quizá porque me siento enormemente identificada con esta muchacha. Un robot, una más insertada en una masa informe que alguien se empeña en denominar sociedad. Sin embargo, ella no es una conformista, Noa quiere vivir y, sobre todo, le aterra lo que siente. Aún no sabemos cuál es su poder, su sustancia; tampoco yo sé cuál es el mío, soy toda una desconocida para mí misma, y eso mismo le ocurre a ella. Somos dos peones irrelevantes insertados en una partida de ajedrez a la que no queremos jugar, bailando en un tablero en el que realmente no deseamos estar. Aunque, bien pensado, no estamos en una sociedad tan distinta a la que refleja Sky Doll: autoritarismo, esclavos indirectos, falsos profetas, aniquilación del raciocinio. Creo que a Noa le convendría más dejar de pensar, de sentir.
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Sky Doll
¿Por qué merece la pena leer Sky Doll y por qué me gustó tanto? En primer lugar, está el impecable aspecto técnico: los diálogos, el dibujo, el entintado, los personajes. Después tenemos también un centro distópico y despótico de poder y, como todos bien sabréis ya, adoro las historias que tienen como núcleo una distopía, sea del tipo que sea, en este caso sociopolítica. En Sky Doll también se hace una fuerte crítica a la religión, y no siempre velada o discreta: Ludovica resulta, desde un principio, odiosa e insultante para su sociedad, y que se prohíba el beningno culto a Ágape la convierte en un ser monstruoso. Además de todo esto y muchas más cosas, está, por supuesto, Noa. Noa es la principal razón para leer este cómic, al menos lo fue para mí, quizá porque me siento enormemente identificada con esta muchacha. Un robot, una más insertada en una masa informe que alguien se empeña en denominar sociedad. Sin embargo, ella no es una conformista, Noa quiere vivir y, sobre todo, le aterra lo que siente. Aún no sabemos cuál es su poder, su sustancia; tampoco yo sé cuál es el mío, soy toda una desconocida para mí misma, y eso mismo le ocurre a ella. Somos dos peones irrelevantes insertados en una partida de ajedrez a la que no queremos jugar, bailando en un tablero en el que realmente no deseamos estar. Aunque, bien pensado, no estamos en una sociedad tan distinta a la que refleja Sky Doll: autoritarismo, esclavos indirectos, falsos profetas, aniquilación del raciocinio. Creo que a Noa le convendría más dejar de pensar, de sentir.
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