Mostrando entradas con la etiqueta echar de menos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta echar de menos. Mostrar todas las entradas
2

Vuelta al negro

Escombros se había convertido en un lugar poco inspirador, un rincón extraño, una parcela en el mundo virtual que ya no consideraba mía. Echaba demasiado de menos ver el autoformato de esta plantilla de blog. Negra, simple; con espirales y mariposas de color magenta.

Esta noche Koi necesita mucho cariño. Se desplaza por el agua entre débiles coletazos. Su salud le ha fallado, pero a ello se une la tristeza de recordar aquel Vodevil que fue eterno en tiempos hermosos. Ahora el telón no se alza con la frecuencia de antaño. El actor principal ha olvidado lo feliz que le hacía sentir aquella máscara, lo magnífico que era lograr, con su magnifica verborrea, que el público enardeciese. No recuerda lo inmenso que fue y sigue siendo. No recuerda su poder, pero debe recuperarlo. Sólo de esta forma el pececito azul podrá seguir chapoteando felizmente hasta las puertas del Dragón.
2

Añoranza




Echo de menos a estos pequeños seres antropomorfos de resina que, con el tiempo, se convirtieron en mis compañeras de juego, en algo como una tabula rasa para saciar mis ansias de aprender a hacer nuevas cosas con las manos -coser, pintar, fotografiar, dibujar, incluso esculpir-, en algo que hacía más bonito mi cuarto y me animaba al llegar a casa... es curioso, pero estas muñecas son mis amigas. Echo de menos contarles mis cosas en silencio, abrazarlas cuando nadie me miraba. Pero muy pronto volveré con ellas...
2

Despedidas :)

Tenía esta entrada pendiente desde hace ya unos cuantos días. Os extrañaréis de que haya una carita sonriente al lado del título siendo este "despedidas"... reconozco que, en parte, es raro. Pero es que esta despedida, aparte de no ser definitiva, ha sido genial.

El día 24 de este mes me voy a Birmingham de Erasmus, y el destino de mi amiga Fani es Worms. Estaremos unos cuantos meses lejos de toda la gente a la que queremos y que nos quiere: familia, amigos, parejas. Es un momento un tanto extraño en la vida de un estudiante, o al menos lo está siendo para mí. Las ansias de conocer un nuevo mundo compiten contra las inseguridades y la certeza de que echaremos demasiado de menos ciertas cosas, a ciertas personas.

Y, sin embargo, este maravilloso grupo de amigos que tenemos Fani y yo en común ha decidido no sólo que la perspectiva de irse sea mucho más liviana, sino que, además, hemos de marcharnos con una sonrisa. Y es que, como es habitual en ellos, ¡la han armado! Imaginaos que os citan a una hora en un sitio, sin un propósito concreto. Os vendan los ojos y os suben a un coche. Os llevan a dios sabe dónde y os hacen bajar una calle y varios escalones, aún con los ojos vendados. Y allí te los encuentras a todos -a casi todos, nos faltaba la pareja viajera-, con un enorme cartel de despedida, una mesa llena de cosas ricas, una piñata y un kit de supervivencia. Aunque mejor que imaginarlo es verlo en fotos, desde luego.



La mesa y el cartel, todo debajo de una parra, ¡qué romántico! Incluso se aventuraron a cocinar tartas y preparar una parrillada, eso no tiene precio.



El curioso invento de la piñata.



Abriendo nuestros sets de emergencia con los novios vigilantes detrás. El papel higiénico no tiene precio, tampoco el huevo kinder :)



Fani de rosa, yo de azul. Las viajeras con las camisetas que nos hicieron para la ocasión. La parte de atrás lleva el nombre de todos ellos, las frases de delante son bromas personales.



Un dulce beso de cacahuete de mi amado Vodevil.



¡Las chicas! Si no me equivoco, en este momento actuábamos como las Spice Girls. ¿No es cierto que tengo unas amigas preciosas?



Unos cuantos de nosotros, entre sidra y canciones ridículas.



La camiseta y el kit de emergencia. Contenía chocolate, un huevo kinder, una "peli para llorar" (la mía, como no podía ser de otra forma, ¡era Moulin Rouge!), horquillas para el pelo (todos sabemos la manía que tienen de perderse), kleenex, tiritas, papel higiénico, una lata de atún, la camiseta personalizada y un "vale por un regalo sorpresa".

Después de esto sólo puedo decir que, a partir de este momento, empezarán a gustarme demasiado las sorpresas, aunque en un principio me diesen cierto miedo. También he decidido, como es lógico, que tengo a mi lado al mejor grupo de amigos que pueda imaginar, que no importa qué ocurra, no importa lo lejos que estemos... yo os querré siempre, bajo cualquier circunstancia.

GRACIAS. Gracias de todo corazón. A todos.
1

Uno no sabe lo que tiene...

... hasta que lo pierde. Así es y así será.

¿Y a qué viene esto, pensaréis? ¿Has tenido algún desengaño amoroso, lady Escombros? ¿Has perdido tu monedero? No, no. Aún no. El caso es que el lunes empecé a encontrarme ciertamente "anormal", es decir, mi salud no era lo que solía ser. Me dolía todo, estaba muerta de cansancio. A la mañana siguiente estaba en el médico, con un virus que equivalía a un trancazo de considerables dimensiones. Con la medicación adecuada, enseguida me empecé a encontrar mejor. Pero, mis pequeños saltamontes, como todos vosotros sabéis, los tranzacos generan mocos. Ingentes cantidades de mocos. Y estos mocos míos quisieron abrazar a mi tímpano izquierdo... ¿el resultado? El jueves empecé a no oir nada. ¡No oigo! Nada. Nada de nada. Escucho música y sólo oigo algunos acordes. Veo una peli y los diálogos hacen que me piten los oídos. Los coches no se oyen igual, siquiera. Tengo que decir a la gente que me hable alto. Es frustrante, muy frustrante.

Ahora estoy en el proceso de expulsar a mis cariñosos mocos del oído, pero hasta que quieran irse, estaré con este insufrible pitido -y sordera- y lamentando no estar como antes... sin trancazo, sin mocos y con dos oídos útiles.